lunes, 21 de mayo de 2012

ENSAYO FINAL



HOMBRE Y CIUDAD: EL TRABAJO Y LAS PRACTICAS ALIMENTCIAS


Todos sabemos que la alimentación satisface una necesidad básica del ser humano; pero, ¿sabía usted que lo que comemos, el lugar y la forma en la que lo hacemos, y como nos sentimos con respecto a ello, son todos elementos relacionados con la identidad cultural?
Estos elementos, denominados prácticas alimenticias, son el acumulado de representaciones, creencias, conocimientos y hábitos asociadas a la alimentación, aprendidos y compartidos por los individuos de una cultura o de un grupo social determinado dentro de  la misma.  Estos aspectos configuran un ámbito trascendental en la vida cotidiana de los individuos, lo cual hace posible el estudio de las culturas actuales desde una perspectiva social cuyo hilo conductor son las prácticas alimenticias.
De esta manera, el componente social presente en los hábitos alimenticios se manifiesta tanto en aspectos generales, como el estatus social, el prestigio económico y la relación del consumo de alimentos con los ingresos; como en aspectos particulares, por ejemplo: las obligaciones laborales, las preferencias gustativas y el manejo del tiempo libre.
A partir de lo anterior, es posible afirmar que el trabajo en la ciudad tiene una influencia directa en la configuración de las prácticas alimenticias; analizando, para esto, a trabajadores de bajos estratos socioeconómicos de la ciudad de Cali, como los conductores de MIO, bus público (buseteros), y taxistas. De manera que los factores relacionados al trabajo, que más influyen en su alimentación son: el salario, el tiempo y la exposición a la ciudad.
La importancia de este tema radica en que, en las sociedades actuales, los grupos de trabajadores de escasos recursos no llevan un estilo de vida saludable, pues está marcado por la obesidad, la desnutrición, el estrés, el insomnio, el alcoholismo, y demás hábitos poco saludables que se suponen arraigados a la pobreza.

El salario es el factor más influyente en la configuración de las prácticas alimenticias, y, aunque varía, tiene un mismo significado para los conductores. Teniendo en cuenta que ellos, normalmente, pertenecen a grupos sociales de bajos niveles socioeconómicos, el salario debe manejarse cuidadosamente para lograr una distribución que satisfaga, por lo menos, sus necesidades básicas y las de su grupo familiar. Por esto, la premisa principal es: ahorrar al máximo.
En general, estos trabajadores asignan una gran parte de su presupuesto para la alimentación, por lo que prefieren invertir en alimentos que “valgan la pena”, es decir, comida fuerte que sacie el hambre y fortalezca el cuerpo: alimentos rendidores[1]. Estos alimentos cumplen con tres características, primero, y más importante, son baratos; segundo, no solo sacian el hambre sino que llenan; y tercero, saben bien.
Entonces, a medida que disminuyen los ingresos, disminuyen también alimentos que no cumplen con estas características, como las verduras y las frutas, ya que no representan una inversión gratificante.  Por el contrario, aumentan los alimentos con alto contenido de harina, grasa y fibra, como el pan, la carne, el arroz y todo tipo de fritos.
No obstante, entre los conductores de bus, taxi y MIO, existen notables diferencias socioeconómicas. Así, los conductores del MIO tienen un salario fijo a diferencia de los taxistas y los buseteros, y esto significa que tienen más comodidades al momento de adquirir y consumir los alimentos. En cambio, los taxistas no tienen ingresos fijos y tienen más competencia en su área de trabajo que los buseteros, por lo cual acuden a lugares mucho más económicos cuando de comer se trata.
Entonces, el salario representa un elemento fundamental frente a las prácticas alimenticias de los trabajadores, pues es un factor limitante o permisivo. Además, las preocupaciones económicas también influyen en el aumento de la cantidad de alimentos ingeridos; según el reconocido sociólogo Pierre Bourdieu, "La comida popular es el refugio de libertad para vidas que, en casi todos los demás ámbitos, están sometidas a la más imperiosa necesidad”[2].

Otro factor importante en la configuración de las prácticas alimenticias es el tiempo designado a estas, que depende directamente de las condiciones de trabajo.
Para los taxistas y los buseteros, el tiempo destinado a comer significa dejar de producir, así que intentan emplear en ello el menor tiempo posible, que además debe ser bien recompensado, por la comida, por supuesto. En el caso de los conductores de MIO, el tiempo destinado a las practicas alimenticias no es un factor tan apremiante debido a que tienen un horario establecido y tener tiempo libre no significa una disminución en sus ingresos; sin embargo, el hecho de cumplir con un horario rígido y controlado por sus superiores los lleva a buscar opciones de comida rápida, además de económica.
Los lugares donde suelen comer los conductores están ubicados en espacios públicos, y aquí cocinan las mujeres. Estas cocineras tienen preparados previamente alimentos como el arroz, las papas, el "principio" y las bebidas, con el fin de ahorrar tiempo. En el momento en que llegan los comensales fritan o asan las carnes, ya que deben ser frescas y jugosas.
De la misma manera, la preocupación por el tiempo se ve reflejada en la manera como perciben e ingieren la comida. Los alimentos rendidores a los que están acostumbrados permiten que se manipulen de manera fuerte y masculina. Así, las sopas, por ejemplo, tienen la característica que pueden comerse demostrando esa fortaleza: se sirven en plato hondo y se toman de a tragos. Así mismo, la carne que se come a mordiscones, a diferencia del pescado o el pollo que exigen cuidado. Esta forma de “atacar” la comida demuestra que el comensal no tiene tanto interés en degustarla como en saciar su hambre e ir de vuelta a las labores del día. Además, no es una falta de etiqueta, al contrario, es la manera adecuada de comer la comida fuerte, tomada por una persona fuerte, que muestra, con su voracidad, su agradecimiento por la comida.

El último factor, pero no menos importante, es el grado de exposición del área de trabajo a la ciudad, cuya influencia en las prácticas alimenticias de los conductores se refleja en la imagen corporal.
Para hablar del transporte público en Cali y su relación con la ciudad en general, es necesario saber que, en los últimos veinte años, Cali se ha convertido en una ciudad con demasiados vehículos que ocasionan grandes congestiones, las cuales se forman a cualquier hora y en cualquier sector de la ciudad. De hecho, los datos del DANE[3] revelan que más de 43 000 vehículos, contando taxis y buses, transitan por la ciudad diariamente. A partir de esto, las vías se han deteriorado hasta tal punto que la movilidad en Cali es un dolor de cabeza al que las autoridades locales no han dado una solución definitiva.
Ahora bien, lidiar con estas condiciones es parte del diario vivir de los conductores de trasporte público; situación que, evidentemente, es causa de estrés.
Sumando esto a sus preferencias y hábitos al comer, a la  intranquilidad frente a lo que provee la labor, y al manejo del tiempo; se va estandarizando un estereotipo del cuerpo del conductor popular, caracterizado por una barriga prominente y extremidades corpulentas que traen consigo problemas de salud y dificultades para relacionarse fuera del ambiente de la clase popular a la que pertenece, y a lo que se ve expuesto el sujeto en el área de trabajo. 
Se puede interpretar que ideal del cuerpo fuerte no es más que una lectura de su propia imagen caracterizada por el sobrepeso que tiene que ver con su trabajo en los buses, en el que lidian fuertemente con las dificultades día a día.
A partir de los anterior, es posible hacer una distinción entre los grados de exposición a la cuidad del área de trabajo y el cuerpo estándar de los diferentes tipos de conductores.
Siendo esto así, los conductores del MIO son los menos expuestos a la ciudad, pues no se ven afectados por la congestión vehicular, no deben interactuar con los pasajeros, no reciben dinero, y su espacio es cómodo y fresco. De modo que, haciendo un consenso general, siendo estos trabajadores los menos expuestos a la ciudad en su trabajo, gozan con mejores oportunidades alimenticias, más salud física y menos agotamiento. Concluyendo en un cuerpo robusto, pero no obeso.
Por el contrario, los taxistas están claramente expuestos a la ciudad, en cuanto a las condiciones desfavorables del tránsito en la misma, añadiendo a esto la competencia que existe en este gremio (10 taxis por cada bus) y la inseguridad, ya que, a diferencia de los otros transportadores, trabajan a cualquier hora de la noche. El estrés causado por estos factores se libera en las prácticas alimenticias y se denota en su cuerpo pues, sumado al sedentarismo al que los somete su labor, tienden a sufrir enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, la situación de los buseteros no es muy alentadora. Estos trabajadores son los más expuestos a la ciudad ya que, a diferencia de los taxistas, transportan una gran cantidad de pasajeros y no tienen paradas predeterminadas. Esto, adicionado a las demás condiciones de su labor, como no tener ingresos fijos, provoca una ansiedad que es saciada en las prácticas alimenticias. Es este el gremio que más padece obesidad, alcoholismo y desnutrición.

Desde otro punto de vista, y a pesar de lo expuesto, las prácticas alimenticias no sólo se ven influenciadas por aspectos económicos y sociales como el trabajo y la ciudad, sino también por los valores morales, los códigos de conducta y las doctrinas religiosas de cada cultura; aprehendidos  inconscientemente en la familia, la escuela y la iglesia, principalmente. Esta influencia llega al individuo en la infancia y a partir de ella adquiere gustos, conductas y preferencias a la hora de comer, de manera tal que se incorporan fuertemente en sí construyendo poco a poco su personalidad.
Sin embargo, debido a que nuestras sociedades post-modernas pierden cada vez más la moralidad común, a que la familia como principal institución social se debilita, y a que la población citadina pasa por un proceso de individualización constante; la importancia del trabajo como actividad lucrativa modifica los hábitos incorporados en la infancia y se torna más relevante que la moral familiar y la iglesia, instituciones sociales que, actualmente, giran en torno a esta. Esto debido a que las conductas adquiridas en la infancia pueden ser modificadas fácilmente si  el individuo sustituye su principal espacio de socialización, la familia, por otro en el que pase más tiempo y construya relaciones sociales duraderas, como el área trabajo, en este caso.
Entonces, siendo nuestro objeto de estudio agentes sociales que pasan la mayor parte del día trabajando en un ambiente citadino como el de Cali, es posible afirmar que la influencia que reciben los conductores mientras trabajan en la cuidad, es mucho más fuerte que la que pueda percibirse en su ambiente familiar, con respecto a la configuración de las prácticas alimenticias.  Además, en las sociedades actuales, es más común que las situaciones del trabajo infieran en nuestra vida familiar, que el caso contrario.

En conclusión, los hábitos alimenticios están directamente relacionados con la identidad cultural y son influenciados por la formación de las estructuras sociales, como el trabajo. A partir de esto, resulta sorprendente descubrir que las prácticas que suponemos personales e individuales, como las alimenticias, hacen parte de códigos obtenidos inconscientemente por medio de los procesos de socialización del área del trabajo. Por consiguiente, es posible asegurar que las diferencias de salud y estética entre diferentes tipos de trabajadores, se deben principalmente a tres aspectos fundamentales: la disposición y el manejo del salario, el significado y uso del tiempo y  la variación de la exposición de su área de trabajo a la ciudad.
Por último, considero importante cuestionar qué medidas están tomando las autoridades estatales, como el Ministerio de Salud Nacional, frente  a los desórdenes alimenticios de la población de bajos niveles socioeconómicos con respecto a sus condiciones laborales. Es evidente el abandono económico, social y cultural por parte de las instituciones gubernamentales hacia el gremio de los conductores.
Finalmente, es importante reflexionar sobre la admirable labor de los conductores, ya que este trabajo, como cualquier otro, debe ser respetado y reconocido como debe ser, pues representa un bien para la sociedad.

No. de palabras: 2180













BIBLIOGRAFIA

Aguirre, Patricia; Los alimentos rendidores y el cuerpo de los pobres. Buenos Aires, 2002
Gracia Arnaiz, Mabel; Somos lo que comemos: estudios de alimentación y cultura. Barcelona, 2002
Patiño R., Víctor Manuel; Historia de la cultura material en la América equinoccial: la alimentación en Colombia y en los países vecinos.  Bogotá: Presidencia de la República, 1984




[1] Aguirre, Patricia; “Los alimentos rendidores y el cuerpo de los pobres”; 2002
[2] Bourdieu, Pierre; “El constructivismo estructuralista: la teoría de las clases sociales”; 1996
[3] DANE. Registro Único Nacional de Transito. 2011.

martes, 10 de abril de 2012

Análisis Microsociológico: conductores de bus


Los conductores de Bus publico son el gremio de trabajadores mas expuesto a la cuidad en su área de trabajo. Estos trabajadores se van afectados día a día por los problemas de la cuidad y esto se ve reflejado en la manera en que comen.

Normalmente, los conductores de bus almuerzan en restaurantes o "chuzos", como ellos lo llaman, porque no tienen tiempo de ir a sus casas. Estos lugares están ubicados en las terminales donde acaban sus recorridos o en el transcurso del mismo.
Una vez aquí, los conductores ingieren una gran cantidad de alimentos, cargados de harinas, grasas y carne, por un muy módico precio que no supera los 4500 pesos.

En conclusión, ser conductor de un bus es una ardua labor, pero ellos logran hayan la recompensa del día a la hora del almuerzo.


Análisis Microsociológico: Taxistas

Los taxistas representan un <termino medio> entre los conductores de MIO y bus, en cuanto a la exposición del área del trabajo a la cuidad.
Es difícil hablar por todo un gremio de trabajadores tan amplio y variado. Sin embargo, un taxista promedio tiene la opción de almorzar un su casa o de adquirir alimentos en la cuidad. Cuando lo hacen fuera de casa, aproximadamente de 3 a 4 días por semana, los taxistas acuden a restaurantes reconocidos en la cuidad por sus alimentos "rendidores", como, por ejemplo, el cenadero "El Bochinche" y "Aquí es Julian". Estos restaurantes son reconocidos por la cantidad de comida que sirven a módicos precios.

De la misma manera, es difícil exponer un estereotipo estético en cuanto al físico de los taxistas, pues, como he mencionado, son un gremio muy amplio y variado: hay taxistas jóvenes y viejos, gordos y flacos, de clases bajas populares y de clase media, propietarios del taxi o empleados, etc.


Análisis Microsociológico: Conductores de MIO

Practicas Alimenticias.

El conductor del MIO promedio suele almorzar en su casa, ya que su jornada diaria de 8 horas está dividida en dos turnos (cada uno de 4 horas) lo que le permite, la mayoría de las veces, ahorrar dinero. 
En las terminales de los buses MIO, hay kioskos de comidas rápidas a las que acceden en los descansos.
Estas comidas son denominadas por ellos "fritangas", y las ingieren en los descansos sin que signifique una comida importante del día. Las fritangas son comidas hechas a base de harina, posteriormente fritadas en aceite.


En conclusión, los conductores del MIO son los menos expuestos a la cuidad y tienen la posibilidad de almorzar en sus casas y tomar reposo después, ya que su horario de trabajo está definido y de este no dependen sus ingresos. 


Indagando en el pasado de algunos de estos trabajadores, descubrí que la mayoría ha trabajado como conductor de Taxi y Bus antes de trabajar en el MIO. Así que estas personas se sienten afortunadas por tener la posibilidad de trabajar por un sueldo fijo, en un ambiente agradable y con horarios moderados.


Flacos Ricos, Gordos Pobres




En este vídeo, la antropóloga de la alimentación, Patricia Aguirre, habla sobre la influencia de la escases de recursos de poblaciones populares en la gordura que caracteriza a estos individuos, la cual no significa un cuerpo saludable.

Aplicando su análisis a nuestro contexto, al marco de esta investigación, es importante resaltar que las características del cuerpo al que ella se refiere,  aplican perfectamente al "cuerpo estándar" de los conductores de nuestra ciudad.

RESEÑA 2



Patricia Aguirre es Doctora en Antropología (UBA), se dedica a la Antropología de la Alimentación el Ministerio de Salud de la Nación y en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la UNSAM, además es  miembro de UNICEF.
En su ensayo, “Los alimentos rendidores y el cuerpo de los pobres”, Aguirre habla sobre las preferencias alimenticias de las clases populares latinoamericanas haciendo énfasis en dos ideas principales: las variables macroeconómicas que inciden en las estrategias de consumo de las clases populares, y las consecuencias de estos factores en la salud y en los procesos de socialización de los actores mencionados. Con esto pretende demostrar que hay una nueva corriente en las clases de Latinoamérica en la que los pobres tienden cada vez más a la obesidad y los ricos a la delgadez, reconfigurando los conceptos “obeso” y “delgado”.

Al inicio de su ensayo, Aguirre muestra por medio de estadísticas que la pobreza general de los países de Latinoamérica ha aumentado de la mano de los índices del desempleo. Con base a este análisis, estudia las “estrategias de consumo” predominantes en las clases populares, es decir, las preferencias de estos grupos con respecto a los alimentos y a las practicas alimenticias: “Trataremos de explicar por qué la gente come lo que come recurriendo a su propia comprensión de la situación y contrastándola con las características de su vida cotidiana, para reconstruir las representaciones que guían sus elecciones alimentarias” (p. 7)
El análisis de Aguirre es sorprendente ya que muestra la estrecha relación entre los ingresos de una persona o grupo familiar de una comunidad popular, y la configuración de sus prácticas alimenticias, no solo de los alimentos obtenidos, sino también del aspecto de sus integrantes y el <ritual> a la hora de comer.

Una vez establecida esta relación, Aguirre hace referencia a las consecuencias físicas y psicológicas de los desequilibrios alimenticios provocados por la inestabilidad económica y el desempleo, en las clases populares.
A medida que disminuyen los ingresos, disminuyen también las verduras y las frutas de la alimentación cotidiana, no porque su precio sea elevado, sino porque los ingresos se deben dirigir a alimentos que quiten el hambre y fortalezcan el cuerpo. Así, con estos hábitos al comer, seguidos de una intranquilidad frente a lo que provee la labor (el trabajo), se va estandarizando un estereotipo del cuerpo popular, caracterizado por una “prominente barriga y extremidades corpulentas” (p. 10), que traen consigo problemas de salud y dificultades para relacionarse fuera del ambiente de la clase popular a la que pertenece, y a lo que se ve expuesto el sujeto en el área de trabajo.

La antropóloga concluye su texto hablando de la obesidad, que se consideraba como un problema de las clases dominantes, y que es ahora un problema social de gran magnitud en las clases subalternas con raíces profundamente arraigadas en conflictos económicos de gran escala.

En conclusión, el texto de Patricia Aguirre es productivo y contundente, sustenta sus ideas con estadísticas realizadas en los centros de investigación para los que trabaja, y rescata un punto de vista ignorado por varios de los pilares de la Antropología de la Alimentación actual: los aspectos macroeconómicos del problema de la alimentación en las clases populares.

Practicas Alimenticias: Preparación de los Alimentos

En el ritual denominado almuerzo, los hombres llegan al lugar, se ponen cómodos, y esperan mientras beben limonada o cerveza.
En los lugares donde suelen comer los conductores, cocinan las mujeres. Estas cocineras tienen preparados previamente alimentos como el arroz, las papas, el "principio", el "guiso" y las bebidas. En el momento en que llegan los comensales fritan o asan las carnes. Es importante que la comida se condimente bastante, que la carne esté bien asada o frita, que sea jugosa/ grasosa, y que en la preparación el comensal presencie el humo y olor de los alimentos que ha ordenado.