martes, 10 de abril de 2012

RESEÑA 2



Patricia Aguirre es Doctora en Antropología (UBA), se dedica a la Antropología de la Alimentación el Ministerio de Salud de la Nación y en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la UNSAM, además es  miembro de UNICEF.
En su ensayo, “Los alimentos rendidores y el cuerpo de los pobres”, Aguirre habla sobre las preferencias alimenticias de las clases populares latinoamericanas haciendo énfasis en dos ideas principales: las variables macroeconómicas que inciden en las estrategias de consumo de las clases populares, y las consecuencias de estos factores en la salud y en los procesos de socialización de los actores mencionados. Con esto pretende demostrar que hay una nueva corriente en las clases de Latinoamérica en la que los pobres tienden cada vez más a la obesidad y los ricos a la delgadez, reconfigurando los conceptos “obeso” y “delgado”.

Al inicio de su ensayo, Aguirre muestra por medio de estadísticas que la pobreza general de los países de Latinoamérica ha aumentado de la mano de los índices del desempleo. Con base a este análisis, estudia las “estrategias de consumo” predominantes en las clases populares, es decir, las preferencias de estos grupos con respecto a los alimentos y a las practicas alimenticias: “Trataremos de explicar por qué la gente come lo que come recurriendo a su propia comprensión de la situación y contrastándola con las características de su vida cotidiana, para reconstruir las representaciones que guían sus elecciones alimentarias” (p. 7)
El análisis de Aguirre es sorprendente ya que muestra la estrecha relación entre los ingresos de una persona o grupo familiar de una comunidad popular, y la configuración de sus prácticas alimenticias, no solo de los alimentos obtenidos, sino también del aspecto de sus integrantes y el <ritual> a la hora de comer.

Una vez establecida esta relación, Aguirre hace referencia a las consecuencias físicas y psicológicas de los desequilibrios alimenticios provocados por la inestabilidad económica y el desempleo, en las clases populares.
A medida que disminuyen los ingresos, disminuyen también las verduras y las frutas de la alimentación cotidiana, no porque su precio sea elevado, sino porque los ingresos se deben dirigir a alimentos que quiten el hambre y fortalezcan el cuerpo. Así, con estos hábitos al comer, seguidos de una intranquilidad frente a lo que provee la labor (el trabajo), se va estandarizando un estereotipo del cuerpo popular, caracterizado por una “prominente barriga y extremidades corpulentas” (p. 10), que traen consigo problemas de salud y dificultades para relacionarse fuera del ambiente de la clase popular a la que pertenece, y a lo que se ve expuesto el sujeto en el área de trabajo.

La antropóloga concluye su texto hablando de la obesidad, que se consideraba como un problema de las clases dominantes, y que es ahora un problema social de gran magnitud en las clases subalternas con raíces profundamente arraigadas en conflictos económicos de gran escala.

En conclusión, el texto de Patricia Aguirre es productivo y contundente, sustenta sus ideas con estadísticas realizadas en los centros de investigación para los que trabaja, y rescata un punto de vista ignorado por varios de los pilares de la Antropología de la Alimentación actual: los aspectos macroeconómicos del problema de la alimentación en las clases populares.

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